miércoles, 14 de marzo de 2012

Cuando la educación paterno-filial ha fallado ...



                                                      
Foto del artículo "Son padres, no los dueños de sus hijos). “El País”.
Ejemplo de la técnica tiempo fuera, aplicado frecuentemente en Centros de Menores, cuando el adolescente ha tenido un comportamiento no apropiado, insano para él o daniño para otros ...  

   En este post os muestro un artículo de "El País" (11 de marzo 2012; autor: Pablo Linde) que habla sobre los cambios en los estilos educativos que ha habido, aportando la realidad que nos acercan diferentes profesionales, desde diferentes ámbitos en relación a diferentes aspectos como: la educación de los hijos, la ley de protección del menor, premios vs castigos, la importancia de la educación en casa, qué ocurre cuando hay grandes dificultades en la relación paterno-filial.

He introducido anotaciones propias entre paréntesis y en color azul, para facilitar las reflexiones de cada uno de los lectores, a las que puede inducir la lectura de este artículo, e ir más allá de la pura lectura informativa.

Os dejo con la noticia, complementada con las propias notas:

 

Son padres, no los dueños de sus hijos


* El derecho a corregir a los menores tiene que ejecutarse sin maltrato físico ni psicológico.
* Los límites no siempre están claros. El castigo en muchas ocasiones llega tarde y mal




                                           Otro ejemplo "gráfico" de "tiempo fuera" para la reflexión.


(Nota de Mar García Bernabeu: 

SI QUIERES TENER ÉXITO EN DESARROLLAR UNA RELACIÓN EMOCIONALMENTE SANA CON TU HIJO, O CON LOS NIÑOS DE TU ALREDEDOR:

*¡¡ Ayuda a tu hijo, desde muy pequeño a pararse a pensar en qué ha hecho, cómo lo ha hecho, cómo se sentía antes de actuar cómo lo ha hecho, a verbalizar estos sentimientos/pensamientos, cómo hace sentir a los otros con sus actos !!, siempre adaptándote a su nivel o desarrollo evolutivo.
Para ello un recurso, que después el niño interiorizará, puede ser: “vete un ratito a tu silla de pensar”, y en un ratito me cuentas qué has pensado. Si necesitas ayuda para entender cómo funciona o cómo aplicarlo según la edad de tu hijo, para qué sirve, este recurso, u otros, o trabajarte tu forma de relacionarte con tu hijo, siempre puedes pedir ayuda a un profesional. Pues no se trata de “aplicar técnicas sin más”, sino de conocer la fundamentación teórica de ésta, cómo aplicarlas, en qué condiciones, con qué tono emocional intervenir … ¡¡ Es muy importante conocer el mundo emocional de un niño, según su edad, para conocer-comprender los sentimientos y comportamientos, propios de cada edad !! y qué te está diciendo tu hijo con su forma de actuar, de relacionarse contigo/con los otros ...

*¡¡ Recuerda lo importante de actuar desde el afecto, el amor , el respeto a tu hijo, el cuidado de la relación que mantenéis, no desde la represión, no desde la corrección y el no continuo o el castigo para todo!!.
De esta forma, tu hijo (desde bien pequeñín) te respetará, te lo agradecerá, estarás actuando como modelo emocional-educativo-relacional para él y favorecerás la comunicación tan necesaria desde que tu hijo es bebé, a lo largo de la infancia, y estarás preveniendo graves dificultades relacionales con tu hijo en la adolescencia. Esta forma de relacionarte con él/ella te llevará a evitar una ruptura-separación de él a partir de esta etapa evolutiva en la que pueden llegar a presentarse grandes conflictos emocionales-familiares en casos extremos. 
Este patrón relacional paterno-filial (desde la consciencia y la reflexión de la forma de educar) te facilitará que una vez llegada la juventud, puedas tener una hermosa relación con él de adulto a adulto. Así ambos habréis ganado en todos los sentidos, padre e hijo, y la familia construida.



“Son mis hijos, soy su dueño”, justificaba Homer Simpson a su esposa tras un castigo arbitrario. La parodia de esta serie animada de televisión se acerca a la relación paterno filial de unas generaciones atrás. Pero la balanza se ha ido equilibrando, incluso cambiando de lado. En España, desde 2008, una modificación del Código Civil eliminó un artículo que enunciaba: “Los padres podrán corregir razonable y moderadamente a sus hijos”. El castigo físico al menor es punible, como también puede serlo causarle “daños psicológicos”. Dónde está el límite debe venir marcado por “el sentido común”, según muchos expertos. Pero a la luz de los hechos y de algunas sentencias, no siempre está claro.

El debate aflora tras el arresto de unos padres ubetenses tras castigar a su hija sin salir un fin de semana. Podría parecer una interpretación excesivamente rigurosa de la norma si no fuera porque la menor denunció que fue encerrada y golpeada, algo que, de ser así, sobrepasa el castigo para llegar al maltrato.

La mayoría de los tutores prefiere soluciones habladas a los problemas

El caso resulta confuso. Según el Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, la menor se encontraba recluida en un chalé en construcción a donde su padre le llevaba comida “dos días a la semana”. La adolescente, que supuestamente presentaba un hematoma en el ojo, habría intentado huir y denunció los hechos ante la Guardia Civil. “No te dejan educar a tu hija”, manifestó la madre de la chica a la prensa local. La consejera andaluza de Igualdad y Bienestar Social, Micaela Navarro, defendió el criterio de que “se aparta a la menor de inmediato del entorno familiar por si existe algún riesgo”.

El asunto tiene la antedicha vertiente jurídica y otra pedagógica. Ambas se entrelazan. En la segunda, los especialistas coinciden en que el castigo puede ser necesario en un momento dado, pero con frecuencia llega tarde y no sirve de nada si no se ha hecho un trabajo constante a lo largo de toda la infancia del menor. Los tutores tienen que saber administrar su autoridad  intentando que los hijos entiendan y compartan las conductas que les proponen, con flexibilidad o dureza según las circunstancias, pero siempre con coherencia.
(Anotación: autoridad es diferente de autoritarismo, la autoridad se gana ante el hijo, siendo un modelo de comportamiento para él, el autoritarismo se impone a la fuerza, sea moral o físicamente, estaba basado en el antiguo valor de la imposición sin explicación como patrón relacional estable, no como una medida ocasional o puntual: “lo haces porque te lo digo yo y te callas, y que no te oíga hablar, rechistar, ni quejarte”, o "aquí se hace lo que yo mande, y te callas"; afirmaciones acompañadas de actitudes/comportamientos asociados, propios de una generación anterior basada en el autoritarismo, aunque no exclusiva de ésta, pues sigue dándose en algunos hogares)

Algunos expertos opinan que hay un vacío legal en los deberes del niño

No hay un modelo único. Lo que funciona con un hijo puede no ser útil con otro, según Helena Trujillo, psicóloga de la Clínica Grupo Cero. “Los hijos no son una propiedad privada. Muchos padres piden autonomía para limitar sus comportamientos, pero es una labor que no sólo tiene que aparecer cuando empiezan a manifestar los primeros signos de desobediencia. Para que no se nos vaya de las manos hay que fomentar la comunicación desde pequeños, conocer a los hijos, a sus amigos, implicarnos en el día a día en sus intereses. Pero no espiando, sino generando un clima de confianza. De esta forma, cuando llega a la adolescencia, una edad en la que anda más perdido, podrá consultar sin miedo a sus padres”, explica.

Todo este escenario tiene que estar enmarcado en unos límites que deben fijar los tutores. El problema, según Pepe Rodríguez, doctor en psicología y profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona, es que muchas veces no se han establecido: “Entonces los hijos se han convertido en unos sátrapas que acaban haciendo lo que les sale de las narices. La convivencia hay que enseñarla (matizo: prioritariamente) en casa para que los niños sepan que no pueden hacer lo que se les antoje. Porque en el colegio no se les va a enseñar; no hay autoridad de los maestros. Si uno le pega una bronca al menor, le contesta: ‘Mañana vendrá mi madre y te vas a enterar’. Y lo peor es que la amenaza se cumple”. Opina que hay cosas que no se pueden solucionar conversando con un adolescente y que, en ciertas circunstancias, la mejor medida para los padres es la privación de privilegios. La ley obliga a cubrir necesidades básicas, pero no más, así que el móvil, los videojuegos, excursiones o salidas pueden ser restringidos si no hay un comportamiento adecuado.


Los educadores piden
anticiparse a los
problemas en la niñez
 (Anoto:  esto es básico, prevención frente a intervención )

El castigo es necesario cuando la situación lo requiere. Su función más importante debe ser la educativa, explica María José Díaz-Aguado, catedrática en Psicología de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid. (Nota: precauciones al aplicar un castigo)Hay que aplicarlo para ayudar al hijo a cambiar una conducta inadecuada”, añade. Sin embargo, también advierte de que implica ciertos riesgos: “Supone aplicar una medida que genera rechazo, y este puede quedar asociado a la persona que lo aplica. Si es muy intenso puede originarlo hacia el adulto”. Además, en algunos castigos, los menores son obligados a cambiar de conducta sin entender qué han hecho mal. Esto es contraproducente. Pone un ejemplo: “Si lo encierras en la habitación porque saca malas notas, la indignación producida por el castigo puede impedir la concentración necesaria para estudiar. Es mejor sentarte a analizar con tu hijo por qué ha suspendido, cómo se ha organizado y tomar una medida correctora consensuada. Esto es más eficaz para que los adolescentes aprendan a tomar las riendas de su vida y entiendan que su conducta tiene consecuencias. También suele serlo premiar conductas positivas alternativas a la que deben evitar”.

En 2010, Díaz-Aguado encabezó el estudio del Observatorio Estatal de la Convivencia Escolar. Se les preguntó a 11.000 padres de estudiantes de la ESO sobre múltiples factores alrededor de la educación de sus hijos. Muestra que las familias son partidarias de salidas dialogadas a los conflictos. La primera solución que proponen (el 71,9%) es “analizar en cada caso por qué se ha producido y ayudar al estudiante a resolverlo de otra forma”. Le sigue “ayudar al menor castigado a anticipar las consecuencias de su conducta inadecuada y el daño que produce” (40,2%). Solo un 6,6% escogió “aplicar el castigo lo más próximo posible a la conducta castigada” y un 10,4% “aplicar las normas con más rigor y dureza”. La catedrática subraya que ha habido un gran cambio en sociedad: “Ha avanzado el rechazo al autoritarismo. Las medidas consideradas mejores por los padres son las más coherentes con los valores de la democracia: comunicación, racionalidad, respeto a dignidad de la persona, tratar de convencer, respeto a los límites. Pero, en la práctica, hay contradicciones. La mayoría de las familias sigue justificando pegar al menor como una medida educativa. Nadie puede enseñar a no pegar pegando”.

El modelo educativo
ha cambiado del autoritarismo
a los valores democráticos

Y aquí llega otra vez el problema jurídico. ¿Puede o debe un padre darle un tortazo a su hijo para corregirle? Arturo Canalda, Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid sostiene que una cosa es un “pescozón, que no tiene incidencia, y otra es cuando se transforma en una forma habitual de corregir o lo que pasa de capón a paliza”. “Creo que quien entienda que la modificación del Código Civil impide corregir a los menores está tan equivocado como quien pensaba que antes podía pegarles”, añade. Canalda cree que la ley en vigor es adecuada y que se tiene que interpretar en función de las circunstancias concretas.
(Nota: existen diferentes estilos o patrones educativos:Estilo democrático, estilo autoritario, estilo o patrón de laissez faire o permisivo y estilo negligente o indiferente; con diferentes consecuencias evolutivas en el ajuste socio-emocional de sus hijos. Crecer en un ambiente familiar, emocional, con un estilo educativo-relacional determinado, tiene sus consecuencias en los hijos).

Pero no hay consenso sobre esto. Maite Salces, asesora jurídica del Defensor del Menor de Andalucía matiza que hay asuntos que pueden quedar en el aire: “¿Hasta qué punto tienen los padres potestad de corrección? ¿Hasta qué punto unas u otras acciones se pueden considerar maltrato psicológico?”. Asegura que con el código en la mano un bofetón puede ser penado como agresión y pone el ejemplo de una madre que recibió una orden de alejamiento de su hija por dar un tortazo a su hijo. El suceso data de 2006 en Pozo Alcón (Jaén). La sentencia estableció que la madre “cometió un acto de agresión contra su hijo al cogerle del cuello para levantarlo del suelo y darle un tortazo en la cabeza”. Se cumplían, según el juez, todos los requisitos del tipo de maltrato, “aun cuando hubiese sido la única agresión cometida”, por lo que fue condenada en 2008 a 45 días de prisión y a un año sin ver al niño. El consejo de Ministros indultó a la madre unas semanas después en un trámite mucho más rápido de lo que acostumbran a ejecutarse las gracias gubernamentales para evitar el alejamiento y la alarma social que provocó entonces. Este es un caso, pero “hay poca jurisprudencia al respecto”, apostilla Salces.

El Código Civil cambió en 2008 para cerrar la puerta al maltrato

Muy crítico con el statu quo se muestra Javier San Sebastián, jefe de psiquiatría infantojuvenil del Hospital Ramón y Cajal de Madrid y presidente de la Fundación O’Belén, que gestiona centros de atención a menores. Opina que la ley protección al menor española establece “muy bien los derechos de los niños y adolescentes pero no está desarrollada”. “Dice que un menor tiene una serie de derechos ampliamente recogidos, pero no hay reglamentación ni habla de DEBERES.
(Nota: es básico enseñar a nuestros hijos, con el ejemplo, que todos en nuestros diferentes roles, tenemos deberes y obligaciones, por lo tanto, ellos como hijos también, y ser coherentes en ir enseñándoles éstos con pautas educativas adecuadas a su edad-desarrollo evolutivo, siempre desde una relación de cariño, acercamiento emocional, no desde el autoritarismo ni la frialdad emocional en la imposición de estos deberes) .

Hay un vacío legal. Considerando que se han producido cambios sociales muy importantes, en este momento estamos viendo que hay proporción de menores infractores y muy problemáticos cuyos padres no tienen armas para contenerles, sujetarles o limitarles”, explica. Coincide con los defensores del menor de Andalucía y Madrid en que el caso más frecuente no es el del niño que sufre castigos abusivos, sino el de los padres que se ven desbordados por hijos descontrolados, que en ocasiones se convierten en agresores. “Si un menor sabe que la administración siempre le va a proteger frente a sus padres pueden aprovecharse. Hay tutores que se encuentran con que no tienen herramientas para educar a sus hijos”, añade San Sebastián.
(Nota: Si trabajáramos en la detección de problemáticas familiares, este tipo de conflictos paternofiliales, podrían reducirse desde la prevención e intervención temprana con estos padres e hijos. Incluso podríamos actuar desde la Educación para la Prevención antes de la concepción del embarazo, con talleres con los futuros padres. Evitaríamos así, o podríamos reducir el número de situaciones  en que hayan de intervenir desde los servicios sociales o  de casos de extrema urgencia en los que es necesario actuar  mediante la intervención de centros de protección de menores).

Algo parecido opina el psicólogo Pepe Rodríguez, por cuyo gabinete han pasado numerosas familias con problemas a la hora de corregir a sus hijos. Pone dos ejemplos extremos: el de un hijo ya mayor de edad y con trabajo que “tomaba el pelo a su madre”, quien no pudo echarlo de casa sin pasar previamente por el juzgado y el de una madre condenada a ocho meses de cárcel por “dar un cachete a una hija histérica”. “En este país un marco jurídico excesivamente proteccionista, intrusiva en la privacidad ha generado monstruosidades. Nos encontramos con familias aterrorizadas por hijos menores con todos derechos pero ninguna obligación. Hay un error jurídico educativo. Es muy distinto el maltrato o tortura y lo que es un cachete corrector. La violencia no es un elemento educativo para nada. El cachete no es recomendable pero podría serlo en un momento determinado. Hay que volver a la cordura”, clama.

Canalda: “Ni ahora se impide corregir al menor ni antes se podía pegarle”

El anterior Gobierno buscó a un grupo de expertos para desarrollar la ley del menor y concretar asuntos que estaban en el aire, pero el trabajo, que se concretó en un borrador que no vio la luz. Uno de los integrantes de este grupo fue Javier San Sebastián, quien asegura que establecía unos deberes y “llenaba el vacío de cómo la administración tenía que gestionar protección de los menores”.

Roncesvalles Barber, profesora de Derecho Civil de la Universidad de la Rioja y experta en filiación cree, sin embargo, que acotar mucho la actuación de los padres o de la administración en este ámbito es “muy delicado”. Autonomías como Cataluña y Aragón sí han reglamentado bastante pero Barber piensa que en toda España “hay armas para controlar que los padres realicen un ejercicio razonable de la patria potestad”. ¿Se podrían mejorar? “Yo no sé si una legislación que contempla todos los supuestos es beneficiosa. Tienen más sentido las previsiones generales, donde le juez toma medidas justificadas ponderadas y adecuadas a caso concreto”, responde. Y añade: “Me preocupa que haya leyes que pongan por escrito normas de puro sentido común. La profusión de leyes no beneficia su cumplimiento y si tenemos muchas que no se cumplen, dejaremos de creer en ellas”.

La patria potestad se tiene que ejercitar para la finalidad que prevé ley: la protección de los hijos menores, explica Barber, quien asegura que ese debe ser precisamente el primer límite. Los padres tienen que ser capaces de garantizar esta función. Si no lo son, o caen en conductas de maltrato, es la administración la que tiene la obligación de encargarse de la guarda de los menores. Al contrario de lo que pensaba Homer Simpson, los hijos no son una propiedad privada.

(Con información de Ginés Donaire).

 

Disciplina educativa eficaz antes que comportamientos punitivos


La catedrática de Psicología Educativa María José Díaz-Aguado analizó en un artículo el castigo y sus alternativas. Considera que supone muchos riesgos para la educación del menor y para la relación con sus padres según cómo se aplique y propone unas premisas para ejecutar una disciplina educativa y eficaz. Lo que sigue es un resumen de los consejos.
§                               *  Las normas deben estar claramente definidas y los adultos se deben comportar coherentemente con ellas”. Así se consigue que los niños participen “activamente en su definición y en el establecimiento de lo que deberán hacer si no las respetan”.
§                              *   Hay que evitar la permisividad con comportamientos extremos para que el menor no interprete que hay un “apoyo implícito” a estos. “La eficacia de las normas se reduce cuando las transgresiones graves quedan impunes”.
§                                *  La disciplina debe promover cambios de comportamiento y ayudar a que los niños “entiendan por qué es inadecuada la conducta que deben cambiar”. Hay que intentar que no solo haya una enmienda, sino que el menor se arrepienta del mal que ha hecho e intente “reparar el daño originado”.
§                                *  Para prevenir que las conductas inadecuadas vuelvan a repetirse es necesario favorecer alternativas”.
§                                *  “La disciplina debe ayudar a ponerse en el lugar de aquellos a los que se ha hecho daño, estimulando esta importante capacidad, la de ponerse en el lugar de los demás”. (o empatía)
§                                * “Hay que evitar reñir continuamente a los hijos por conductas de escasa relevancia”.
§                                *  La corrección de una conducta negativa no debe plantearse en cualquier momento, conviene tener en cuenta varias premisas: se debe evitar las situaciones de tensión; hay que analizar “conductas específicas, sin caer en las descalificaciones globales, ni en las expresiones que puedan ser interpretadas como cuestionamiento del afecto incondicional” al hijo; conviene “evitar monólogos para estimular la participación del niño”; es positivo favorecer que el hijo se explique y reflexione sobre lo que ha hecho para que se enmiende.
§                              *  “La eficacia de los adultos para enseñar a respetar límites aumenta cuando tienen una relación de calidad con los hijos”.



Enlace noticia: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/03/09/actualidad/1331328957_616432.html



4 comentarios :

  1. Me encantó esta entrada Mar, estoy totalmente de acuerdo con tus apreciaciones. Nosotros quienes aplicamos esta técnica más de una vez sabemos muy bien de las ventajas y desventajas que puede ocasionar, sobre todo si se aplica indiscriminadamente y sin el criterio adecuado. Realizada con la actitud y postura adecuada, reforzando lo positivo y dando alternativas es muy efectiva y ayuda a recapacitar, lograr equilibrio y a la autoregulación. El problema radica cuando se aplica con pérdida de control del adulto y pasa de ser una medida a un castigo constante e incluso un maltrato como se menciona.No es fácil para un adulto fuera de control, definir el límite, si uno está molesto o enojado es mejor no intervenir o delegar la intervención a otra persona.Las consecuencias si no son inmediatas no resultan en los pequeños y con adolescentes sin la autorreflexión. Existen recursos, medidas de prevención más eficaces a la larga. Recurrir al castigo tiene un efecto inmediato pero prácticamente no ayuda a modificar la conducta. Un abrazo. Carmen

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    1. Hola Carmen:

      Coincido plenamente con tus aportaciones a este artículo. Quiero añadir, que en ocasiones, cuando los padres han perdido la relación emocional con el hijo, o cuando no logran hacer con amor y apego, con sus niños, es importante que pidan ayuda profesional o asesoramiento terapéutico externo, para analizarse, trabajarse sus propias relaciones con las figuras parentales, desarrollar sus propios recursos internos (y adquirir sus apoyos externos) y poder comenzar a establecer una relación sana con sus hijos.

      Lo que no se ha hecho en la infancia, no puede pretender realizarse o conseguirse en la adolescencia sin más: aprender a negociar, a darse cuenta, reflexionar sobre los otros, o el respeto del adolescente, entre otras, son aptitudes-actitudes, que se desarrollan desde las primeras interacciones padres-hijos.
      El autoritarismo, el trato "yo ordeno y mando, tú obedeces" no favorece estos factores anteriores nombrados. El dirigirse con amor (incluido en las formas de hablarle-relacionarse con él, no sólo en el sentimiento hacia el niño), la aceptación, en ocasiones no es fácil para algunos padres que tampoco han recibido este amor o este trato de tenerles en cuenta, lo que puede llevar a la repetición intergeneracional de hábitos educativos o de patrones relacionales. En ese caso la maternidad-paternidad, se puede convertir en una oportunidad para crecer con el hijo, pidiendo apoyo de profesionales que nos ayuden a descubir "nuestra propia sombra" y a trabajar con ella, en el bien de las relaciones paterno-filiales, y de la persona que más queremos: nuestro hijo/a.

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  2. Muy bueno el artículo. He padecido la violencia en su máxima expresión, cuando se habla de 'chirlos' para corregir me asusta.
    Una de ellas logra sacarme, perder el equilibrio, he estado asesorada desde que es pequeña; difícil, momentos de mucha angustia, por qué no puedo ser esa madre de mi imaginario.
    Hoy lo llevamos mejor, juega con los límites a pesar de tener 21 años. Algo para destacar, lxs niñxs y adolescentes necesitan igualdad de criterios en el papá y mamá, si la familia estuviera constituida de esa forma.

    Abrazos :)

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    1. ¡¡ Enhorabuena, Graciela, por tu darte cuenta de la necesidad de asesoramiento y apoyo en tu labor como madre, y por haber recorrido este camino de forma que protegieras a tus hijos de la repetición de esquemas relacionales que les hubieran dañado !!. Y a ti por luchar por ser la madre que quieres.

      ¡¡ Un abrazote !!

      Mar

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